Mi hijo tira todo al suelo ¿Cómo pongo límites?

(Para mamás y papás con hijos hasta 24 meses)

Es domingo. Con la familia de tu marido han decidido ir a almorzar afuera. Le consiguen a Pedrito una de esas sillas especiales para dejarlo quieto y visible mientras todos almuerzan. Para que se entretenga, se le pone un pequeño juguete que le encanta y su taza especial para que tome agua. Pedrito se entretiene muy bien solo, sin embargo, están en un restaurant bastante más ‘silencioso’ donde es el único niño presente, por lo que están más ‘alerta’ a su comportamiento para no incomodar a los otros comensales.

Todo iba bien hasta que…

Pedrito había despertado de su siesta. Estaba con ganas de jugar. En un movimiento enérgico, agarra tu cuchara y la tira al suelo. Hace un ruido que hace que la mesa de al lado se de vuelta. Tú levantas la cuchara del suelo y le dices : Pedrito, ¡no! y le apartas la cuchara. Cuando sigues comiendo, te das vuelta con un ¡Paff!: Pedrito ha tirado su taza plástica ahora. Pierdes la paciencia en medio de las miradas ‘enjuiciadoras’ a tu alrededor que te empiezan a incomodar. Sale a tu rescate tu marido, quien se levanta y enérgicamente le da otro ¡no! , recoge del suelo la taza y ahora se le aparta también. Pedrito se pone a llorar. No queda otra que levantarse de la mesa y sacar a Pedrito entre medio de las ‘criticas’ y ‘miradas feas’ del resto de los comensales.

Camino a la playa…

Llega el verano. Estás de post natal de tu segunda guagua, lo que te da la libertad de ir a visitar a una amiga que está en la playa y alojarte allá con tus 2 niños. Es primera vez que manejas sola fuera de Santiago con los dos a tu cargo, así que a pesar de las planificaciones, estás algo nerviosa.

Sara, la mayor, va despierta mientras el recién nacido duerme. Todo va bien hasta que se le cae su juguete al suelo. Tú no puedes parar. Le dices que se calme y que cuando puedan, pararán a recogerlo del suelo del auto. Sara se empieza a quejar, encuentras una berma para parar y le recoges su juguete algo molesta. Retoman el viaje y a Sara se le vuelve a caer. Te impacientas y le dices que ‘ya lo botó por segunda vez, así que no volverás a parar’. Sientes que tu nerviosismo inicial te traiciona, Sara se pone a llorar y aunque paras de nuevo y le recoges el juguete, no para de llorar hasta llegar a la playa.

Qué ha pasado en ambos casos…

Tanto Sara como Pedrito están en una edad en la que están explorando el mundo. El niño va tomando en cuenta de que los objetos también obedecen a las leyes de desplazamiento que no están bajo su control- como por ejemplo, la gravedad- y esto, lo encuentran muy divertido. Lo mismo respecto a las habilidades que están alcanzando: abrir los deditos, aprender a soltar, poder agarrar algo más pesado: controlar sus respuestas sensoriales y corporales es todo un descubrimiento y obviamente al descubrir esto, quiere seguir practicándolo.

Les encanta además el ruido de los objetos al caer y las distintas reacciones a sus ‘pequeños experimentos’.

Gracias a su ‘molesta capacidad para lanzar objetos’, tu hijo está aprendiendo habilidades claves para su desarrollo. Si esto lo miramos desde el prisma de su desarrollo psicomotor, tanto Sara como Pedrito están ganando mayor control y mejorando su motricidad. La repetición, además de causarles mucha alegría, les ayuda a desarrollar también la fuerza.

Como siempre repito, y basándome en D. Siegel, es imposible redirigir y limitar una conducta, si primero no conectamos con el porqué ocurre y empatizar con su frustración cuando le restringimos esa exploración.

Ahora que entendemos y conectamos… ¿cómo ponemos límites para que no (se)haga daño ni se vuelva una conducta molesta para todos?

Sabemos que estas conductas son molestas y parecen ‘mal educadas’, por lo que nos irritan a todos. Además recoger algo una y otra vez ( con el riesgo de romperlo) nos hace perder la paciencia.

Pasos para poner límites adecuados a la conducta:

Conectar: ¿Qué es lo que siente?. ¿Lo hace porque lo encuentra fascinante?. ¿Lo hace porque está en la mesa aburrido con los adultos?. ¿Lo hace porque quiere jugar con ustedes?. Observa su comportamiento y piensa en qué momentos se vuelve más atractivo y difícil para ustedes.

Concéntrate en lo que lanza y hacia dónde: Parece inadmisible que lance objetos, pero pon perspectiva: no todos los objetos/contextos en los que se lanza son inadmisibles. (Sino, no existirían los deportes de pelota, por ejemplo).

Muéstrale qué hay cosas que sí se pueden lanzar. Convierte en juego lanzar piedritas a un lago, una pelota en el patio, haz de guardar la ropa sucia en el canasto un entretenido juego de lanzamiento.

Con esto, le transmites que sí se pueden lanzar ciertas cosas en ciertos lugares adecuados. Entonces, cuando algo moleste al ser lanzado, le puedes decir: las tazas no se lanzan de la mesa, pero las pelotas sí, y redireccionas su comportamiento a lanzar una pequeña pelota saltarina que no haga ni ruido ni daño.

Amarra cosas entretenidas su silla de comer o a la silla del auto para que estén a su alcance (bajo supervisión adulta siempre). Podrá jugar y explorar qué se siente soltarlas y al mismo tiempo podrá incorporar nuevas destrezas como recuperarlas tirando la cuerdita.

Recojan juntos, para poner el ejemplo de poner orden y hacerlo un juego. El que más recoge, gana. Así ninguno se sentirá abrumado por tener que recoger tantos juguetes.

Ser firme en caso de que lance agresivamente haciendo(se) daño. Con una frase corta como ‘¡no!: eso duele’ y apártalo de la situación (sin grandes sermones ni castigos, simplemente ayudándolo a regularse). No siempre esto es fácil y las primeras veces puede llorar igual, sin embargo, los hábitos se crean por la perseverancia y la repetición.

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